martes, 2 de febrero de 2016
Podcast al programa #PensarEsGratis de Federico Sánchez en Radio Oasi
jueves, 28 de enero de 2016
Mi respuesta a la carta del Ministro Ottone en el Diario La Tercera martes 26 de enero 2016
viernes, 22 de enero de 2016
Respuesta del Ministro Ernesto Ottone a mi carta sobre nuevo Ministerio de Cultura
Señor director:
Los últimos meses he visto que de manera sostenida Pablo Chiuminatto se ha dedicado a cuestionar a través de los medios nuestra gestión. Frente a su última carta quiero aclarar algunas de sus aseveraciones, que no se ajustan a la realidad.
Desde que asumí la administración del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, hemos enfrentado paradigmas bastante opuestos a los señalados en su carta. De hecho, se realizó un trabajo de levantamiento de los avances en materia de institucionalidad cultural durante los últimos 25 años, desde el informe Garretón en 1991, hasta la consulta indígena.
La expresión “partir de cero” hace alusión a que volvimos al origen para robustecer esta discusión. Esto incluye las consultas públicas de 2014, los insumos recogidos de cada comisión, mesas de trabajo, cabildos, encuentros y otros. Nos reunimos con actores relevantes del mundo de la cultura y el patrimonio, porque sabemos que su experiencia es clave para la creación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
Sobre la participación activa de los tres gremios (Anfudibam, Anfucultura y los funcionarios del patrimonio), ellos mismos pueden dar cuenta de esto. Por primera vez hemos logrado juntos grandes acuerdos, confianza y proyecciones que, sin participación, no habrían podido ser efectivamente incorporados a la indicación sustitutiva.
Cuesta entender que quiera cuestionarse el trabajo realizado cuando hemos estado siempre abiertos al diálogo. Más aún, que este cuestionamiento provenga de un integrante del Consejo Regional de Cultura en la Región Metropolitana, instancia en la que todo lo expresado puede ser discutido de manera directa, entendiendo que quienes conforman este órgano colegiado, lo hacen en pos de contribuir al fortalecimiento de la institucionalidad cultural.
Ernesto Ottone R.
Ministro presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes
http://www.latercera.com/noticia/opinion/correos-de-los-lectores/2016/01/896-665008-9-institucionalidad-cultural.shtml
miércoles, 20 de enero de 2016
Ministerio de Cultura
Esta carta fue publicada el día 26 de diciembre de 2015 en el Diario La Tercera
Señor director:
Tal como con otras reformas, la firma de la indicación sustitutiva al Proyecto de Ley del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, fue un llamado a respaldar al Gobierno y de paso un modelo de financiamiento de la cultura para dejar de lado los eufemismos.
De todos los presentes, pocos efectivamente conocían el texto final en cuestión. El borrador y sus complejidades, con una versión por ministro: Cruz-Coke (2012) Barattini (2014) y Ottone (2015), parecieran disiparse. Un corolario de esa negociación se refleja en las “eses” del título del Ministerio, suponiendo que el lenguaje cambia la realidad. Pero hay un hecho elocuente: bastó que algunos participantes conocieran el documento -los funcionarios de la Dibam- para que fueran a paro, decepcionados por la discordancia entre lo que ellos conocieron del texto y lo que finalmente irá al Congreso.
Esta es otra fase de las tantas caras que tiene una fantasía que el mismo CNCA desde sus orígenes creó: la “participación”. Pues bien, esta nueva versión del documento, no es pública aún. Pero, no hay que alarmarse por las transformaciones que implicará, porque -como otras reformas- finalmente quienes la ejecutarán vendrán en algunos años más. Se trata de reformas profundas, pero sobre todo lentas. Lo suficientemente lentas como para que el modelo de protección gremial y de leyes sectoriales centrado en proyectos siga siendo la forma de financiamiento de la cultura. No obstante, existe una distancia enorme entre una estructura gubernamental más y un verdadero Ministerio de Cultura. Celebrar la firma de un texto aún desconocido es curioso. Esperemos conocer la letra grande y la chica, según lo que está en el programa de la Presidenta Bachelet (duplicar el presupuesto de cultura para fines de su mandato). Este ministerio trae la fuente soñada de la sobrevivencia del arte nacional en su sueño adolescente: ser mantenidos por un padre o una madre Estado.
http://diario.latercera.com/2015/12/26/01/contenido/opinion/11-205854-9-ministerio-de-cultura.shtml
Paro de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile presagio de una catástrofe
Esta columna se publicó en el periódico digital El Mostrador el día 12 de enero de 2016
Una de las premisas instaladas desde la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA, 1992) fue que era una institución "participativa". Supuestamente el primer organismo verdaderamente democrático después de 1989. Todos creímos y confiamos en ese principio. Sin embargo, con el paro de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (DIBAM), queda cada claro que se trata de una participación limitada. O, más bien, de una variante, una que sirve cuando las ideas son acordes con las políticas culturales del gobierno de turno.
Para quienes hemos participado en las distintas instancias de socialización del documento sustitutivo del nuevo Ministerio de Cultura –desde el año 2012 en mi caso– no fue una sorpresa ver cómo los funcionarios de la DIBAM eran reducidos a un “servicio”, cuando originalmente era uno de los tres ejes (Fondos, Patrimonio y DIBAM). ¿Por qué?, o peor, ¿Para qué se hizo este cambio?
La firma del documento en La Moneda, con la Presidenta, el Ministro delante de un grupo de intelectuales y artistas, parecía la broma final. Es verdad que los borradores pudimos comentarlos todos quienes nos interesamos por participar: comunidades, gestores, artistas, intelectuales y académicos, entre otros. Pero hoy sabemos que eso está muy lejos de algo realmente participativo; sobre todo cuando vemos que las decisiones estructurales las resolvieron el actual ministro E. Ottone y su equipo de asesores.
Hoy sabemos que la participación fue una telón. Y, pienso que creyeron que poco importaría con los funcionarios de la DIBAM porque hoy son empleados del Ministerio de Educación, no del CNCA. ¿Me explico? Hay un vacío y lo usaron. Solo después de la creación del Ministerio de Cultura esos funcionarios pasarán a depender del actual Ministro. Por lo tanto, nadie asume su defensa, nadie responde.
La paralización que mantienen la DIBAM es un presagio de una catástrofe que se viene. La próxima redacción de la Constitución de la república, que dicen también será “participativa”. Pues bien, ese mismo desconcierto, lo veremos mañana en quienes –ilusionados con la participación– crean que eso los hace parte de la redacción de la nueva Constitución.
Dicen que se redactará por medio de cabildos, con papelógrafos y mediadores que irán recogiendo las ideas. Es decir, el que tenga el lápiz será quien modele esa versión de la “participación”. No se ilusionen, se trata solo de una catarsis. Una pantalla para que nadie diga que no pudo decir lo que piensa… mientras los papelógrafos descansarán en la misma bodega donde aún duermen miles de mochilas del “Maletín Literario”. ¿Lo recuerdan? Total después se redacta lo correcto, lo buscado. A sobre cerrado y a puerta cerrada. Los que participamos ya somos pasado: –Gracias por tus ideas… sigue participando. Nos vemos en el Congreso.
http://www.elmostrador.cl/cultura/2016/01/12/el-paro-de-la-dibam-es-un-presagio-de-la-catastrofe-que-se-viene/
lunes, 4 de enero de 2016
Cuando las bibliotecas y museos paran
Hace años que no escribía en mi blog. Como bien dijo un amigo harto más joven hace un rato ya: –Es que nadie puede seguir escribiendo en blogs en la era de los micro blogs.
Sin embargo, algo me pasa al cultivar twitter y facebook, que siento que no siempre alcanza el micro espacio para reflexiones más macro.
Evidentemente nadie está obligado a darse la lata de leerlo. Solo es un placer del escritor. Cultivar el huerto del texto propio, como en los diarios de vida, es algo personal. Un huerto donde el humus de la escritura hace nacer y renacer las ideas, las propias, las ajenas. Una dimensión puede ser el mismo andar de la vida y las lecturas, pero también la realidad, así como los espacios mentales de coleccionismo freak. Escribir es un placer, pero a veces también una responsabilidad, un testimonio necesario. Aunque, para muchos ya sobran palabras e imágenes, sobre todo imágenes.
En este momento puntualmente, me impulsa un paro. Sí, así es; es un paro lo que me mueve a volver a publicar en el blog. El paro de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos de Chile. Lleva dos semanas y en los medios nacionales no se ha discutido su alcance, ni tampoco los motivos. Los medios dirán que no importan mucho que bibliotecas y museos no estén abiertos. La misma DIBAM puede argumentar que se trata de algo interno y que tiene relación con la configuración de un Ministerio que aún no está cerrado. Mientras los funcionarios apelan a algo muy concreto, un cambio en los conceptos estructurales en los quedaría la DIBAM al interior de la futura estructura gubernamental e implica mucho más que solo un escalafón del "personal".
Este paro es grave, serio, urgente. Hace unas semanas fue publicada una carta que redacté en el diario La Tercera y que copio a continuación porque el paro sigue y los medios no le dan la cobertura que requiere:
"Tal como con otras reformas, la firma de la indicación sustitutiva al Proyecto de Ley del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, fue un llamado a respaldar al Gobierno y de paso un modelo de financiamiento de la cultura para dejar de lado los eufemismos.
De todos los presentes, pocos efectivamente conocían el texto final en cuestión. El borrador y sus complejidades, con una versión por ministro: Cruz-Coke (2012) Barattini (2014) y Ottone (2015), parecieran disiparse. Un corolario de esa negociación se refleja en las “eses” del título del Ministerio, suponiendo que el lenguaje cambia la realidad. Pero hay un hecho elocuente: bastó que algunos participantes conocieran el documento -los funcionarios de la Dibam- para que fueran a paro, decepcionados por la discordancia entre lo que ellos conocieron del texto y lo que finalmente irá al Congreso.
Esta es otra fase de las tantas caras que tiene una fantasía que el mismo CNCA desde sus orígenes creó: la “participación”. Pues bien, esta nueva versión del documento, no es pública aún. Pero, no hay que alarmarse por las transformaciones que implicará, porque -como otras reformas- finalmente quienes la ejecutarán vendrán en algunos años más. Se trata de reformas profundas, pero sobre todo lentas. Lo suficientemente lentas como para que el modelo de protección gremial y de leyes sectoriales centrado en proyectos siga siendo la forma de financiamiento de la cultura. No obstante, existe una distancia enorme entre una estructura gubernamental más y un verdadero Ministerio de Cultura. Celebrar la firma de un texto aún desconocido es curioso. Esperemos conocer la letra grande y la chica, según lo que está en el programa de la Presidenta Bachelet (duplicar el presupuesto de cultura para fines de su mandato). Este ministerio trae la fuente soñada de la sobrevivencia del arte nacional en su sueño adolescente: ser mantenidos por un padre o una madre Estado. Esperemos a leerlo para celebrar, por el momento, no me gustan las celebraciones a sobre cerrado."
miércoles, 3 de marzo de 2010
Sushi, tsunami, hara-kiri
Cualquier cosa que se diga en estos momentos en que la naturaleza se ha expresado, en su escala siempre mayor, corre el riesgo de parecer ridícula y antropocéntrica. Sin embargo, esta especie de elocuencia ante el “sublime dinámico” -broma kantiana aparte- poco tiene que ver con las escenas románticas que entusiasmaron a quienes, sintiéndose a salvo, en alguna orilla lejana, miraron el naufragio ajeno en pinturas y grabados. Esto es el naufragio propio.
El terremoto que acabamos de vivir y el posterior maremoto nos enfrentan a algo más que la destrucción física y geográfica. En todo caso, no sé por qué ahora les ha dado por llamarlo tsunami, seguro por la misma popularidad del sushi y otros orientalismos. Como si el español no bastara -en su herencia latina- para describir la puesta en movimiento de las aguas, las que, en realidad, nunca han estado quietas, menos aún el Pacífico sur. Maremoto, mare in moto… En fin, lo que debiera estar quieto se movió, terra in moto. Lo que está regido por el gobierno de las mareas operó bajo otras leyes. Una serpiente gigante que sale del mar, su cola arrasó con todo lo que estaba cerca, como si no bastara que nuestro país fuese delgado, aislado, montañoso y subdesarrollado… ahora, además, asolado, desolado.
Pero no escribo esta nota para quejarme porque Poseidón -que le hizo tan difícil la vida a Ulises- se las emprende en contra de esta comunidad de arribistas pseudo-grecolatinos, sino para referirme a lo que la prensa llama el “segundo terremoto”. El “terremoto social”. Pobladas que, en los lugares más afectados, están saqueando las casas y los negocios de quienes lo han perdido todo. Bien, es que literalmente se ha perdido todo. Pero se había perdido mucho antes, se han perdido las bases que fundaron históricamente las estructuras sociales. La violencia que vemos no es causada por el terremoto, no. Es la liberación de una energía guardada por años, años de profundo deterioro de la vida en comunidad. Tal como cuando los sismógrafos explican que la zona del terremoto es una zona llamada “de silencio sísmico” y todos los especialistas esperaban, hace años, un cataclismo como el que vivimos. La gran zona de silencio social se ha manifestado. Un silencio que tiene muchos años. Solo quiero llamar la atención sobre un aspecto, un desequilibrio particular.
Un país democrático, en plena expansión de sus fuerzas armadas, en constante compra y recambio de sus equipos y profesionalización de su contingente militar, que compra barcos, aviones, misiles; que hace grandes despliegues con otras flotas armadas del mundo desarrollado, y no tiene la capacidad tecnológica para que las autoridades civiles de los centros habitados tengan telefonía satelital que los independice del sistema nacional de comunicaciones cuando ocurre un desastre como éste es una vergüenza. Un país en ruinas, mucho antes que el mar se salga. ¿Qué decir? Simple, que esto obedece a un profundo desequilibrio, a una diferencia radical entre los componentes de una misma sociedad. Y después se escandalizan porque las pobladas invaden las supermercados y los saquean. La gente está cansada, esto ha venido a colmar la paciencia y la obediencia sumisa que nos caracteriza. Alguien que ha crecido teniendo poco, que ha trabajado una vida para tener poco y nada, lo pierde todo ¿Por qué tendría que reaccionar de manera culta y ordenada? No nos olvidemos que en el terremoto de 1906 el general Gómez Carreño hizo colgar en la plaza pública a los saqueadores y las hordas que recorrían los barrios de Valparaíso -en el suelo- cortando dedos y orejas, para hacerse de pendientes y anillos de los miles de muertos sin sepultar.
Pensemos un poco menos cándidamente, mejor que las hordas vayan en búsqueda de lo que está en los locales comerciales y en la viviendas destruidas, por suerte que no se les ocurrió ir por los juguetes de punta con que se divierten los militares en su mundo privado. Jardín de las delicias de un país concentrado en compararse con el resto en su riqueza militar, en vez de mirarse a sí mismo y verse en su miseria civil. Nos hemos preocupado de parecer grandes entre los países del cono sur… una potencia… vamos a ir al mundial de Football ¿Qué más se puede pedir? Pues bien, este es el premio a la arrogancia. Por un minuto, o más bien, después de dos minutos y ocho como ocho grados Richter, este silencio histórico se convirtió en una voz, síntoma de los tiempos, sino un signo de la pérdida cultural en que vivimos.
En el coro de Antígona, Sófocles, hace veintisiete siglos, escribió: “nada más pavoroso que el ser humano”, mucho más que la naturaleza, por cierto. Estas diferencias lo prueban. Mientras los presupuestos de armamentos superan los de educación y salud, no puede haber peor forma de manifestación de la bajeza del ser humano. Esa es la causa del terremoto social. Estado, dime en qué gastas y te diré quién eres y lo que cosechas.
Para terminar, mientras la tierra temblaba, estaba con unos amigos en un camping muy cerca del epicentro. Escuché por radio, al secretario de gobierno, decir que no había alerta de maremoto, afortunadamente nuestro instinto pudo más y no escuchamos las voces oficiales. En este caso, creo que esas autoridades, las que niegan su responsabilidad, debieran asumir otra tradición japonesa, así como les gustan los tecnicismos del tsunami y no usar la palabra maremoto, y procedan ahora con el seppuku o harakiri… ellos son culpables de cientos de muertos. Eso sí es vandalismo, eso es violencia. ¿Qué importaba dar la señal para que la gente arrancara y luego agradecer a coro por la falsa alarma? ¿En qué pensaban nuestros especialistas, acaso, en todo lo que sabemos de la naturaleza y en los tecnicismos de si se retira el mar o viene una marejada y las diferencias entre tsunami y maremoto? Por favor ¿Ingenuos o imbéciles, o ambos adjetivos? Ya poco importa. Se trata, siempre se trató, de vandalismo de Estado, un Estado que ha invertido el orden de las prioridades. Que cedió todos los derechos a entidades privadas y ahora pretende exigir deberes a las personas naturales ¿Por qué esa forma de Estado se cree con el derecho de exigir un orden de prioridades que ellos mismos no han guardado? Ellos invirtieron el sentido de la comunidad: primero las armas, la fuerza y lo material; después la salud, la educación y la cultura. Debieran asumir su culpa, pedir perdón. El gobierno habla que no es momento de reflexión sino de acción. Tal vez la primera acción sería pedir perdón. Difícil en un país donde sólo conocemos el perdón otorgado a culpables silenciosos y nunca hemos escuchado a nadie pedir perdón y reconocer sus culpas. Pero eso ya es historia.





