miércoles, 20 de enero de 2016

Ministerio de Cultura





Esta carta fue publicada el día 26 de diciembre de 2015 en el Diario La Tercera

Señor director:

Tal como con otras reformas, la firma de la indicación sustitutiva al Proyecto de Ley del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, fue un llamado a respaldar al Gobierno y de paso un modelo de financiamiento de la cultura para dejar de lado los eufemismos.

De todos los presentes, pocos efectivamente conocían el texto final en cuestión. El borrador y sus complejidades, con una versión por ministro: Cruz-Coke (2012) Barattini (2014) y Ottone (2015), parecieran disiparse. Un corolario de esa negociación se refleja en las “eses” del título del Ministerio, suponiendo que el lenguaje cambia la realidad. Pero hay un hecho elocuente: bastó que algunos participantes conocieran el documento -los funcionarios de la Dibam- para que fueran a paro, decepcionados por la discordancia entre lo que ellos conocieron del texto y lo que finalmente irá al Congreso.

Esta es otra fase de las tantas caras que tiene una fantasía que el mismo CNCA desde sus orígenes creó: la “participación”. Pues bien, esta nueva versión del documento, no es pública aún. Pero, no hay que alarmarse por las transformaciones que implicará, porque -como otras reformas- finalmente quienes la ejecutarán vendrán en algunos años más. Se trata de reformas profundas, pero sobre todo lentas. Lo suficientemente lentas como para que el modelo de protección gremial y de leyes sectoriales centrado en proyectos siga siendo la forma de financiamiento de la cultura. No obstante, existe una distancia enorme entre una estructura gubernamental más y un verdadero Ministerio de Cultura. Celebrar la firma de un texto aún desconocido es curioso. Esperemos conocer la letra grande y la chica, según lo que está en el programa de la Presidenta Bachelet (duplicar el presupuesto de cultura para fines de su mandato). Este ministerio trae la fuente soñada  de la sobrevivencia del arte nacional en su sueño adolescente: ser mantenidos por un padre o una madre Estado.

http://diario.latercera.com/2015/12/26/01/contenido/opinion/11-205854-9-ministerio-de-cultura.shtml



Paro de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile presagio de una catástrofe



Esta columna se publicó en el periódico digital El Mostrador el día 12 de enero de 2016

Una de las premisas instaladas desde la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA, 1992) fue que era una institución "participativa". Supuestamente el primer organismo verdaderamente democrático después de 1989. Todos creímos y confiamos en ese principio. Sin embargo, con el paro de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (DIBAM), queda cada claro que se trata de una participación limitada. O, más bien, de una variante, una que sirve cuando las ideas son acordes con las políticas culturales del gobierno de turno.
Para quienes hemos participado en las distintas instancias de socialización del documento sustitutivo del nuevo Ministerio de Cultura –desde el año 2012 en mi caso– no fue una sorpresa ver cómo los funcionarios de la DIBAM eran reducidos a un “servicio”, cuando originalmente era uno de los tres ejes (Fondos, Patrimonio y DIBAM). ¿Por qué?, o peor, ¿Para qué se hizo este cambio?
La firma del documento en La Moneda, con la Presidenta, el Ministro delante de un grupo de intelectuales y artistas, parecía la broma final. Es verdad que los borradores pudimos comentarlos todos quienes nos interesamos por participar: comunidades, gestores, artistas, intelectuales y académicos, entre otros. Pero hoy sabemos que eso está muy lejos de algo realmente participativo; sobre todo cuando vemos que las decisiones estructurales las resolvieron el actual ministro E. Ottone y su equipo de asesores.
Hoy sabemos que la participación fue una telón. Y, pienso que creyeron que poco importaría con los funcionarios de la DIBAM porque hoy son empleados del Ministerio de Educación, no del CNCA. ¿Me explico? Hay un vacío y lo usaron. Solo después de la creación del Ministerio de Cultura esos funcionarios pasarán a depender del actual Ministro. Por lo tanto, nadie asume su defensa, nadie responde.
La paralización que mantienen la DIBAM es un presagio de una catástrofe que se viene. La próxima redacción de la Constitución de la república, que dicen también será “participativa”. Pues bien, ese mismo desconcierto, lo veremos mañana en quienes –ilusionados con la participación– crean que eso los hace parte de la redacción de la nueva Constitución.
Dicen que se redactará por medio de cabildos, con papelógrafos y mediadores que irán recogiendo las ideas. Es decir, el que tenga el lápiz será quien modele esa versión de la “participación”. No se ilusionen, se trata solo de una catarsis. Una pantalla para que nadie diga que no pudo decir lo que piensa… mientras los papelógrafos descansarán en la misma bodega donde aún duermen miles de mochilas del “Maletín Literario”. ¿Lo recuerdan? Total después se redacta lo correcto, lo buscado. A sobre cerrado y a puerta cerrada. Los que participamos ya somos pasado: –Gracias por tus ideas… sigue participando. Nos vemos en el Congreso.

http://www.elmostrador.cl/cultura/2016/01/12/el-paro-de-la-dibam-es-un-presagio-de-la-catastrofe-que-se-viene/

lunes, 4 de enero de 2016

Cuando las bibliotecas y museos paran




Hace años que no escribía en mi blog. Como bien dijo un amigo harto más joven hace un rato ya: –Es que nadie puede seguir escribiendo en blogs en la era de los micro blogs.
Sin embargo, algo me pasa al cultivar twitter y facebook, que siento que no siempre alcanza el micro espacio para reflexiones más macro.

Evidentemente nadie está obligado a darse la lata de leerlo. Solo es un placer del escritor. Cultivar el huerto del texto propio, como en los diarios de vida, es algo personal. Un huerto donde el humus de la escritura hace nacer y renacer las ideas, las propias, las ajenas. Una dimensión puede ser el mismo andar de la vida y las lecturas, pero también la realidad, así como los espacios mentales de coleccionismo freak. Escribir es un placer, pero a veces también una responsabilidad, un testimonio necesario. Aunque, para muchos ya sobran palabras e imágenes, sobre todo imágenes.

En este momento puntualmente, me impulsa un paro. Sí, así es; es un paro lo que me mueve a volver a publicar en el blog. El paro de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos de Chile. Lleva dos semanas y en los medios nacionales no se ha discutido su alcance, ni tampoco los motivos. Los medios dirán que no importan mucho que bibliotecas y museos no estén abiertos. La misma DIBAM puede argumentar que se trata de algo interno y que tiene relación con la configuración de un Ministerio que aún no está cerrado. Mientras los funcionarios apelan a algo muy concreto, un cambio en los conceptos estructurales en los quedaría la DIBAM al interior de la futura estructura gubernamental e implica mucho más que solo un escalafón del "personal".

Este paro es grave, serio, urgente. Hace unas semanas fue publicada una carta que redacté en el diario La Tercera y que copio a continuación porque el paro sigue y los medios no le dan la cobertura que requiere:

"Tal como con otras reformas, la firma de la indicación sustitutiva al Proyecto de Ley del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, fue un llamado a respaldar al Gobierno y de paso un modelo de financiamiento de la cultura para dejar de lado los eufemismos.

De todos los presentes, pocos efectivamente conocían el texto final en cuestión. El borrador y sus complejidades, con una versión por ministro: Cruz-Coke (2012) Barattini (2014) y Ottone (2015), parecieran disiparse. Un corolario de esa negociación se refleja en las “eses” del título del Ministerio, suponiendo que el lenguaje cambia la realidad. Pero hay un hecho elocuente: bastó que algunos participantes conocieran el documento -los funcionarios de la Dibam- para que fueran a paro, decepcionados por la discordancia entre lo que ellos conocieron del texto y lo que finalmente irá al Congreso.

Esta es otra fase de las tantas caras que tiene una fantasía que el mismo CNCA desde sus orígenes creó: la “participación”. Pues bien, esta nueva versión del documento, no es pública aún. Pero, no hay que alarmarse por las transformaciones que implicará, porque -como otras reformas- finalmente quienes la ejecutarán vendrán en algunos años más. Se trata de reformas profundas, pero sobre todo lentas. Lo suficientemente lentas como para que el modelo de protección gremial y de leyes sectoriales centrado en proyectos siga siendo la forma de financiamiento de la cultura. No obstante, existe una distancia enorme entre una estructura gubernamental más y un verdadero Ministerio de Cultura. Celebrar la firma de un texto aún desconocido es curioso. Esperemos conocer la letra grande y la chica, según lo que está en el programa de la Presidenta Bachelet (duplicar el presupuesto de cultura para fines de su mandato). Este ministerio trae la fuente soñada  de la sobrevivencia del arte nacional en su sueño adolescente: ser mantenidos por un padre o una madre Estado. Esperemos a leerlo para celebrar, por el momento, no me gustan las celebraciones a sobre cerrado."

miércoles, 3 de marzo de 2010

Sushi, tsunami, hara-kiri

Katsushika Hokusai (1760-1849)
La gran ola (grabado sobre madera)

Cualquier cosa que se diga en estos momentos en que la naturaleza se ha expresado, en su escala siempre mayor, corre el riesgo de parecer ridícula y antropocéntrica. Sin embargo, esta especie de elocuencia ante el “sublime dinámico” -broma kantiana aparte- poco tiene que ver con las escenas románticas que entusiasmaron a quienes, sintiéndose a salvo, en alguna orilla lejana, miraron el naufragio ajeno en pinturas y grabados. Esto es el naufragio propio.

El terremoto que acabamos de vivir y el posterior maremoto nos enfrentan a algo más que la destrucción física y geográfica. En todo caso, no sé por qué ahora les ha dado por llamarlo tsunami, seguro por la misma popularidad del sushi y otros orientalismos. Como si el español no bastara -en su herencia latina- para describir la puesta en movimiento de las aguas, las que, en realidad, nunca han estado quietas, menos aún el Pacífico sur. Maremoto, mare in moto… En fin, lo que debiera estar quieto se movió, terra in moto. Lo que está regido por el gobierno de las mareas operó bajo otras leyes. Una serpiente gigante que sale del mar, su cola arrasó con todo lo que estaba cerca, como si no bastara que nuestro país fuese delgado, aislado, montañoso y subdesarrollado… ahora, además, asolado, desolado.

Pero no escribo esta nota para quejarme porque Poseidón -que le hizo tan difícil la vida a Ulises- se las emprende en contra de esta comunidad de arribistas pseudo-grecolatinos, sino para referirme a lo que la prensa llama el “segundo terremoto”. El “terremoto social”. Pobladas que, en los lugares más afectados, están saqueando las casas y los negocios de quienes lo han perdido todo. Bien, es que literalmente se ha perdido todo. Pero se había perdido mucho antes, se han perdido las bases que fundaron históricamente las estructuras sociales. La violencia que vemos no es causada por el terremoto, no. Es la liberación de una energía guardada por años, años de profundo deterioro de la vida en comunidad. Tal como cuando los sismógrafos explican que la zona del terremoto es una zona llamada “de silencio sísmico” y todos los especialistas esperaban, hace años, un cataclismo como el que vivimos. La gran zona de silencio social se ha manifestado. Un silencio que tiene muchos años. Solo quiero llamar la atención sobre un aspecto, un desequilibrio particular.

Un país democrático, en plena expansión de sus fuerzas armadas, en constante compra y recambio de sus equipos y profesionalización de su contingente militar, que compra barcos, aviones, misiles; que hace grandes despliegues con otras flotas armadas del mundo desarrollado, y no tiene la capacidad tecnológica para que las autoridades civiles de los centros habitados tengan telefonía satelital que los independice del sistema nacional de comunicaciones cuando ocurre un desastre como éste es una vergüenza. Un país en ruinas, mucho antes que el mar se salga. ¿Qué decir? Simple, que esto obedece a un profundo desequilibrio, a una diferencia radical entre los componentes de una misma sociedad. Y después se escandalizan porque las pobladas invaden las supermercados y los saquean. La gente está cansada, esto ha venido a colmar la paciencia y la obediencia sumisa que nos caracteriza. Alguien que ha crecido teniendo poco, que ha trabajado una vida para tener poco y nada, lo pierde todo ¿Por qué tendría que reaccionar de manera culta y ordenada? No nos olvidemos que en el terremoto de 1906 el general Gómez Carreño hizo colgar en la plaza pública a los saqueadores y las hordas que recorrían los barrios de Valparaíso -en el suelo- cortando dedos y orejas, para hacerse de pendientes y anillos de los miles de muertos sin sepultar.

Pensemos un poco menos cándidamente, mejor que las hordas vayan en búsqueda de lo que está en los locales comerciales y en la viviendas destruidas, por suerte que no se les ocurrió ir por los juguetes de punta con que se divierten los militares en su mundo privado. Jardín de las delicias de un país concentrado en compararse con el resto en su riqueza militar, en vez de mirarse a sí mismo y verse en su miseria civil. Nos hemos preocupado de parecer grandes entre los países del cono sur… una potencia… vamos a ir al mundial de Football ¿Qué más se puede pedir? Pues bien, este es el premio a la arrogancia. Por un minuto, o más bien, después de dos minutos y ocho como ocho grados Richter, este silencio histórico se convirtió en una voz, síntoma de los tiempos, sino un signo de la pérdida cultural en que vivimos.

En el coro de Antígona, Sófocles, hace veintisiete siglos, escribió: “nada más pavoroso que el ser humano”, mucho más que la naturaleza, por cierto. Estas diferencias lo prueban. Mientras los presupuestos de armamentos superan los de educación y salud, no puede haber peor forma de manifestación de la bajeza del ser humano. Esa es la causa del terremoto social. Estado, dime en qué gastas y te diré quién eres y lo que cosechas.

Para terminar, mientras la tierra temblaba, estaba con unos amigos en un camping muy cerca del epicentro. Escuché por radio, al secretario de gobierno, decir que no había alerta de maremoto, afortunadamente nuestro instinto pudo más y no escuchamos las voces oficiales. En este caso, creo que esas autoridades, las que niegan su responsabilidad, debieran asumir otra tradición japonesa, así como les gustan los tecnicismos del tsunami y no usar la palabra maremoto, y procedan ahora con el seppuku o harakiri… ellos son culpables de cientos de muertos. Eso sí es vandalismo, eso es violencia. ¿Qué importaba dar la señal para que la gente arrancara y luego agradecer a coro por la falsa alarma? ¿En qué pensaban nuestros especialistas, acaso, en todo lo que sabemos de la naturaleza y en los tecnicismos de si se retira el mar o viene una marejada y las diferencias entre tsunami y maremoto? Por favor ¿Ingenuos o imbéciles, o ambos adjetivos? Ya poco importa. Se trata, siempre se trató, de vandalismo de Estado, un Estado que ha invertido el orden de las prioridades. Que cedió todos los derechos a entidades privadas y ahora pretende exigir deberes a las personas naturales ¿Por qué esa forma de Estado se cree con el derecho de exigir un orden de prioridades que ellos mismos no han guardado? Ellos invirtieron el sentido de la comunidad: primero las armas, la fuerza y lo material; después la salud, la educación y la cultura. Debieran asumir su culpa, pedir perdón. El gobierno habla que no es momento de reflexión sino de acción. Tal vez la primera acción sería pedir perdón. Difícil en un país donde sólo conocemos el perdón otorgado a culpables silenciosos y nunca hemos escuchado a nadie pedir perdón y reconocer sus culpas. Pero eso ya es historia.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Fantasmas Verbales

Desde que regresé a vivir a Chile no he sido capaz de escribir una sola línea. Y no es que no me haya sentado varias veces a hilar algunas frases. Buscaba volver a esa práctica que alcancé mientras vivía en Italia. Cada vez que probaba no me resultaba agradable. La razón creo saberla. El hecho de volver a un espacio donde el flujo interno del pensamiento coincide con las voces y las conversaciones del entorno, hace que aflore esa maquinaria perfecta que es el sustrato inconsciente más primario. Es así como en este espacio idiomático uniforme, sin la obligación bilingüe del extranjero, aparece la figura siniestra con que se acuñaron los grandes temores, el horror que sólo la infancia nos hace conocer y las sentencias filudas que tan bien reflejan dichos y adagios populares de nuestro país.
Por ejemplo: “Quien ríe en viernes llora en domingo” o “la risa abunda en la boca de los tontos”. Formas verbales que buscan dominar cualquier atisbo de individualidad segura e inspirada y aplacan cualquier espíritu que intente elevarse. La que recuerdo mejor, es una que en boca de mi madre era muy eficaz. La decía antes que saliéramos de visita donde parientes y amigos, con un tono entre Medusa y Medea: — “No te vayas a lucir… me oíste”.
Porque así como el lenguaje nos permite el habla, también nos la quita. Por eso, ayer, mientras pasaba algunas horas en un baño turco del centro, intentando conciliar cuerpo y alma, y delante de mis ojos se paseaba la humanidad en su dantesca desnudez, resolví que rompería el hechizo, expulsándolo por medio de un texto que diera cuenta del poder de esta fuerza originaria. Algo así como una escritura homeopática.

Es así como siento que he perdido la fuerza para establecer el más mínimo enunciado y todo se oscurece. Privado de luz es difícil lucir o lucirse. En ese escenario la transmisión represora vuelve a verter en nuestro oído la inseguridad más profunda. Eso es lo que precisamente se disipa cuando nos adentramos en otro idioma. Porque en esos otros espacios las sentencias lapidarias que nos debilitan desde la infancia pierden su poder y, por lo tanto, vivimos otro tiempo.
Sé que parecerá poco erudita la comparación y sobre todo inadecuada, pero es más o menos el caso de Superman y la criptonita. Lo que lo hace fuerte en la Tierra es que ese mineral, del que está hecho su planeta de origen, no existe. Algo similar me ocurre al volver a Chile y volver a un ambiente idiomático original, salvando las distancias con el hombre de acero, pierdo la libertad que me permitía usarlo cuando vivía en un contexto necesariamente bilingüe. Por eso insisto tanto a mis estudiantes sobre la necesidad de aprender otros idiomas. Es el modo de asegurarse un mundo donde ser poderosos y correr menos riesgo de ser debilitado por las sentencias de los archi-enemigos. Aunque, a diferencia de Superman, los superpoderes más que permitirnos ayudar a los indefensos y salvar el mundo, nos permiten — a pesar de las erratas y las faltas de ortografía— salvar nuestro mundo interno.

martes, 23 de junio de 2009

Interior con fantasma



En general el día sábado no voy a la biblioteca porque la sala donde estudio cierra, sin embargo, las del tercer piso están abiertas. No está muy lleno, entro, voy directo al fondo. Mientras preparo mis cosas me doy cuenta que frente a mí hay una especie de composición, como se dice en términos artísticos.
Un joven de unos treinta y cinco años con dos libros y un cuaderno sobre la mesa. A su lado, en la cabecera, está sentada una mujer de unos sesenta y cinco años, que no está leyendo. Ella –no es difícil suponerlo– está simplemente acompañándolo. Se parecen mucho, sin duda es su madre. Ni siquiera ojea un libro, es como si estuviera en una sala de espera. Es un fantasma a su lado, como si cada uno anduviera por la vida con un antepasado que lo escolta. Ella no está en la biblioteca, está con él, no vino a leer, vino a hacerle compañía. Lamento no haber traído la cámara fotográfica. Es el inicio de algo, un film, una novela, un cuento. Sé que no podré leer ni una página del libro que traje. Cada vez que ella cambia de posición es un nuevo fotograma. Apoya la cabeza, se arregla la falda, se toca la nariz, los anteojos, revisa el estuche de su hijo que está sobre la mesa, lo abre y saca una billetera. Él sigue leyendo como si estuviese solo, página tras página. No la abre, la billetera es negra, repasa con sus dedos los bordes gastados, brillantes, está deformada por el uso. La deja. Trato de no mirarlos por un rato. Ahora está sentada con los brazos caídos como si nada de lo que hace importara. En realidad no importa, sus movimientos no son una coreografía que suponga causa y efecto.
Mira a una estudiante que pasa y que viene a sentarse una mesa más acá. Se toca las manos como si estuviese aplicándose crema humectante. Pasa otra hacia las salas del fondo y la mira de arriba abajo. Sigue masajeándose las manos. Llega una pareja de estudiantes que por desgracia se sientan justo delante de ella, sólo veo a su hijo que continua la lectura. Se parecen tanto. Él sostiene el libro un poco levantado, lo apoya. No la mira, no se fija en nada de lo que ocurre a su alrededor, nada lo distrae. Se escuchan pájaros, el movimiento de las sillas, gente que entra y sale de la sala. A pesar que no la veo, la imagen del hijo remite a su madre, que hasta hace poco podía ver como un retrato en un salón. Finalmente, la estudiante se agacha, avanzando el cuerpo para escribir más cómodamente sobre un cuaderno. Así puedo volver a ver a la mujer. Está con la cabeza hacia delante, el cuello estirado, lee lo que su hijo lee, siguiendo con la mirada las palabras. Un cuadro pedagógico. El joven, de más de treinta y cinco años estudia, la madre, que dobla su edad, lo acompaña.
La estudiante deja de escribir y vuelve a levantarse. Pierdo de vista a la madre, pero deduzco lo que ocurre. Él le muestra algo en el libro. La muchacha vuelve a escribir. La madre lee con desgano, mira sobre los anteojos, lo que su hijo le muestra, sonríe, también con desgano. Él vuelve a su lectura, ella como si se desconectara completamente vuelve a la espera. Mira fijamente el guardapolvo del librero que está detrás, no se detiene mucho tiempo en eso. En nada más bien. Estira su mano y levanta una hoja del cuaderno de su hijo, él la mira y le sonríe. Ella no lo ve porque ya está mirando para otro lado. Él escribe en el cuaderno, ella lo mira escribir. Podría ser enternecedora la imagen de una madre que mira a su hijo, sin embargo, en la biblioteca, a la edad de cada uno de ellos, la escena se enrarece. Ella parece un fantasma a su lado. Él es el fantasma de sí mismo y su infancia. Ella representa la vida pasada, él la medida, o más bien la relación de medida. Él mira su reloj, ella al vacío. Lo que me llama la atención es el desprecio con que mira al vacío.
Una hora después vuelvo a fijarme en ellos. Ella escribe algo en el cuaderno. Él la mira escribir y luego lee atentamente. Se miran, él vuelve a la lectura, ella a la espera. Se mira las uñas y repasa cuidadosamente una con otra. Afuera suena la diana, no es broma, hoy es fiesta en Perugia. Se celebran dos cosas, el día en que el ejército piemontés entró en la ciudad durante la unificación de Italia en 1859 y, al mismo tiempo, coincide con el día en que, durante la Segunda Guerra, los aliados entraron en la ciudad para liberarla. Unificación y liberación, simultáneamente, así es la vida.
Ahora la mujer tiene los dos codos apoyados sobre la mesa y su cara en las palmas de las manos. De la espera hemos pasado al aburrimiento. Él le dice algo, se paran, toma sus cosas y se acercan a la salida, ella lo toma del brazo antes de llegar a los escalones. No puedo evitarlo y los sigo. Él devuelve los libros a la encargada de la sala, la madre espera sentada al lado de un fichero gris. Le entregan unas fotocopias y luego van hacia el ascensor. No tengo el coraje de subirme con ellos. Bajo las escalas, sé que el ascensor es lento y que tengo tiempo para llegar abajo antes que salgan. Veo que caminan hacia el hall. Se devuelven, van hacia los baños, ella se fija en la puerta, busca el de mujeres, sin embrago son mixtos, individuales pero mixtos. Él entra en el que tiene el número dos, ella en el tres. Los espero en el hall. Se demoran, empiezo a pensar que salieron sin darme cuenta. Voy hacia los baños, ella lo espera afuera. Brazos cruzados, el suéter puesto sobre los hombros, lo espera. Vuelvo al hall. Salen sin hablarse, madre e hijo.
Vuelvo a la sala, tomo una revista y la abro en una página cualquiera, no puedo dejar de pensar en la escena que acaba de terminar. Leo una reseña que comenta que hace menos de un mes apareció en italiano un volumen publicado por Manfred Pohlen titulado «En análisis con Freud». Se trata de un caso clínico que no fue escrito por Freud sino por uno de sus pacientes, conocido como «el hombre que perseguía a las mujeres». El doctor Ernst Blum se sometió a una terapia en 1922, la que transcribió estenográficamente a pesar que suspendió repentinamente el tratamiento. En fin, cada uno persigue lo que puede, conciente o inconscientemente, unificación o liberación.

martes, 2 de junio de 2009

La venus migratoria


Recientemente la revista «Nature» anunció el descubrimiento del arqueólogo Nicholas Conard, Universidad de Tubinga, Alemania, de una estatuilla antropomorfa de marfil de mamut. Se trataría de la más antigua representación de una figura humana, mide seis centímetros y tiene la cabeza en forma de argolla de manera que pudiese colgar del cuello de un Homo sapiens, hace al menos 35mil años.
Es una mujer, tal como las que suelen ilustrar los libros de pre-historia, figurillas de abundantes proporciones que representan el opuesto exacto del ideal de belleza de las actuales revistas de moda. Mientras las publicaciones científicas muestran las gordas de hueso, en las otras, aparecen flacas en los huesos.
No busco reivindicar los derechos paleontológicos de la mujer sino retomar un pasaje de la nota de P. Mellars en «Nature», en la que afirma que la venus de Hohle Fels sería una muestra del "primer arte moderno". Un cliché tan ofensivo para un historiador del arte como para una feminista, el magro ideal de mujer tan en boga. Las venus más antiguas eran aquellas descubiertas en los Pirineos y Rusia meridional que datan de 29 o 25mil años atrás, y a pesar que en esos mismos sitios se encontraron representaciones sexuales masculinas tan explícitas como sobredimensionadas, aún hoy, no es fácil asumir la profunda antigüedad de estas formas; las que — como bien recuerda Mellars — pueden obedecer a razones chamánicas o adjudicarse a un modelo dualista de oposición sexual (masculino-femenino), no se sabe.
Mellars subraya además el hecho que estas imágenes son fruto de migraciones del Homo sapiens hacia Europa desde África, lugar donde a pesar que encontramos dibujos geométricos abstractos de 75mil años atrás e incluso de 95mil años, en nada igualarían este último hallazgo. Sostiene además —y de aquí surge mi perplejidad— que "el acontecimiento de un arte figurativo pareciera ser un fenómeno europeo", sin documentación previa en África o en otros lugares del planeta hasta 30mil años. De modo que la "explosión simbólica"— cito — "estaría asociada al origen y a la difusión de nuestra especie, reflejando una profunda reorganización de las capacidades cognitivas del cerebro y quizás un progreso análogo de la complejidad del lenguaje".
No entiendo. Porqué a veces, para la ciencia, según convenga, la abstracción está asociada al pensamiento complejo y en otras a formas primarias de representación. No puedo dejar de pensar en Riegl que en su tratado sobre el ornamento, publicado a fines del XIX, explica cómo para dibujar un elemento sobre una superficie plana se necesita una capacidad creativa mayor, ya que no se trata de imitar sobre la materia la estructura de un cuerpo que se tiene delante de los ojos como modelo, sino trazar su figura. Así, el contorno, el esquema abstracto, que en la realidad no existe, requiere de un tipo preciso de hallazgo representacional basado en complejas estartegias de invención visual (1). Un proceso que en las artes visuales, la literatura o la música se llama «referencia», e implica el núcleo de la constitución de las metáforas y de la posibilidad que esas mismas metáforas, así como las que vendrán, sobrevivan en el contexto de las formas simbólicas, más allá de la dirección geográfica que haya seguido el motivo o la figura original en el paradojal mundo de las influencias.
Por lo tanto, estimado mister Mellards, la carrera por el descubrimiento del monopolio de la figuración no ha terminado aún. Quizás en este momento un arqueólogo africano lee su artículo, pensando en la ingenuidad de creer que estas formas de supremacía historiográfica puedan perdurar. Piense por un momento en la marcha continua hacia el hemisferio norte y cómo hoy mismo grupos de africanos son devueltos a las costas del continente del que huyen del hambre y la guerra. Estoy seguro, más aún después de esta prueba científica proporcionada por «Nature», que esto se reflejará, en algunos miles de años, en un retroceso en las capacidades cognitivas, las mismas que hoy nos permiten celebrar el triunfo de la figuración sobre la abstracción geométrica como un fenómeno europeo.

(1) A. RIEGL, Problemi di stile: fondamenti di una storia dell’arte ornamentale, (1893) Milano, Feltrinelli, 1963, p. 14.